El sucio negocio de los animales exóticos y el turismo salvaje

Viajar para conocer alguna especie animal es una de las ocurrencias más comunes cuando se trata del turismo, sin embargo, detrás de la visita a estos grandiosos animales existe un fuerte contexto de maltrato, sufrimiento y explotación.

La práctica de viajar a otros países del mundo para tocar o tomarse fotos con ciertos animales es una práctica denominada como turismo salvaje, mismo que se ha desarrollado a gran escala y con gran éxito gracias al uso de las redes sociales en las que es posible ver a decenas de influencers y personas comunes que en sus vacaciones posan sobre la espalda de un elefante o de cuclillas junto a un tigre, etcétera. 

Detrás de cada foto o video tomado, hay un terrible negocio sucio que lucra con las especies animales y su bienestar, sin embargo, la mayoría de las veces pasa totalmente desapercibido por los turistas, quienes sólo ven una versión amable de esta explotación y que oculta los años de torturas o entrenamiento a los que los animales son sometidos. 

De esta forma, en países como Tailandia el número de “shows” que se crean con elefantes que son capaces de pintar, jugar futbol o realizar cualquier otra actividad sorprendente han pululado… y no son el único animal en peligro, los tigres son otro gran ejemplo, seguido de animales como las serpientes, ciertos monos y especies marinas como los delfines. 

Aunque la mayoría de los turistas suelen desconocer el terrible trasfondo y cómo los animales son separados de sus madres, drogados y encadenados, incluso con cadenas con púas, también ha surgido una oleada de turistas que abogan por los derechos de los animales y que si bien buscan ver a estas especies, prefieren no hacerlo a costa de su sufrimiento. 

Esta perspectiva ha hecho que los dueños de los animales ideen nuevas formas de explotar este interés en la salud y trato de los animales, pero en ocasiones un dueño puede tener los dos tipos de negocios y simplemente rotar a los animales según su comportamento. Tal es el caso de Meena Kalamapikit, dueña de EcoValley un lugar en el que la principal atracción es ver a los elefantes en su entorno, bañándose: 

El relato de Natasha Daly en National Geographic cuenta que durante una porción del día los elefantes de Kalamapikit se encuentran realizando shows y actos, paseando a gente en sus espaldas, etcétera, mientras que por otro están libres, bañándose. No obstante, existen otros ejemplares bajo su cuidado que no tienen la oportunidad de pasear y bañarse como el resto, pues en las ocasiones en los que han podido ir a este valle, intentaron escapar. En Tailandia existe un nombre para la etapa inicial de entrenamiento, phakaan, una serie de días y hasta semanas en la que los elefantes de dos meses de edad son separados de sus madres, enclaustrados y golpeados en lo que algunos describen como una actividad para quebrantar su espíritu e infundir el miedo a los picos que usan para controlarlos y mantenerlos completamente dóciles.  La docilidad es uno de los puntos más importantes en el turismo salvaje, pues aunque se fomenten actividades como bañarse con los elefantes o sólo posar junto a ellos sin montarlos, lo cierto es que para que los animales obedezcan,forzosamente son sometidos a estos “rituales” de entrenamiento, que de una manera uotra perpetúan su sufrimiento

Otro gran animal que ha sido utilizado para sesiones fotográficas de impacto han sido los osos, los cuales suelen ser entrenados para desarrollar fuerza en sus patas traseras para poder mantenerse de pie en dos patas. Este entrenamiento involucra forzar al animal a dicha posición con cadenas. Además de ponerse de pie, estos animales en ocasiones son entrenados para quedar sentados, con dos patas en el aire, lo cual los imposibilita caminar con propiedad y limita sus movimientos en general. 

Delfines 

Esta vida indigna también la experimentan especies como los delfines, que a pesar de requerir kilómetros tras kilómetros para nadar y sobrevivir, han sido sistemáticamente encerrados en parques acuáticos, puestos a la disposición de decenas de personas que desean tocar a un animal de esta especie o realizar actividades que así como los elefantes, demuestran cuán inteligentes pueden ser. 

Del mismo modo, los delfines y la beluga han sido sujetos a shows itinerantes, como los de Rusia, en los que transportados en pequeños contenedores, visitan ciudad por ciudad, realizando trucos en parques acuáticos locales, posando para fotografías antes de ser encerrados de nuevo y llevados a una nueva locación. 

Un argumento recurrente es que sus dueños y entrenadores en ocasiones llevan años con dichos animales y son los encargados de su bienestar; al mantenerlos en cautiverio están fuera del peligro de cazadores y otros peligros naturales, además de que tienen sus alimentos y cuidados asegurados —aunque esto en ocasiones sea falso—. 

Sin embargo, cabe preguntarse si una vida indigna es justa para ellos con tal de que los humanos seamos capaces ya sea de obtener entretenimiento (o una foto), así como un sustento económico.