La razón científica por la que nunca acabas nada

La procrastinación es un mal que aqueja a muchos, incluso a los más disciplinados, pero ¿qué nos hace dejar todo para después?

No es necesario describir el proceso detrás de procrastinar con tal de no realizar una tarea, invariablemente todos lo han hecho en menor o mayor medida, y con un resultado similar: al final del día siempre hay un momento de arrepentimiento, cuando el tiempo está encima y es imperativo terminar con tal labor.

Pero no solo es flojera o mala administración del tiempo 

Por lo general, una de los principales recomendaciones contra la procrastinación es aprender a administrar el tiempo, hacer listas de objetivos, etcétera. Por otro lado, es común que la gente asocie la desidia con la flojera, pero lo cierto es que la mayoría de las veces una tarea es reemplazada por otra que puede significar un esfuerzo, contrario a la flojera que probablemente resultaría en pasar toda la tarde en el sillón sin mover un dedo.

En realidad, los psicólogos, como Tin Pychyl, han determinado que la procrastinación en realidad se trata de un problema emocional y la forma en la que decidimos lidiar con ellos

Un sistema de recompensas a corto plazo 

Pychyl junto a Fuschia Sirois, ambos profesores de Psicología, realizaron un estudio en el que determinaron que la raíz de la procrastinación provenía de nuestra capacidad (o incapacidad) para lidiar con estados de ánimo negativos

Es decir, en ocasiones ciertas tareas que no queremos hacer (ya sea porque nos aburren o son difíciles) nos provocan emociones negativas, lo cual empeora nuestro estado de ánimo, esto detona que nos veamos tentados a realizar cualquier otra actividad que mejore el estado de ánimo. 

Entonces, si completamos una tarea distinta, tenemos un alivio temporal. Esta pequeña recompensa activa un círculo vicioso, en el que pasamos del tedio de una tarea a la satisfacción de realizar otra distinta, pero cuando la mejoría de ánimo termina —pues el sentimiento de culpa por la tarea sin realizar continúa latente—, entonces buscamos nuevamente algo distinto que realizar… procrastinando nuevamente. 

Los científicos creen que si bien la dificultad de una tarea puede ser un motivante principal para desarrollar emociones negativas, también lo son otras cuestiones que no necesariamente dependen de una sola tarea, un ejemplo de estos motivantes para las emociones negativas pueden ser la baja autoestima, la inseguridad y hasta la ansiedad. En otras palabras, cuando una labor en particular implica que tengamos cierto grado de seguridad en nuestras habilidades, por ejemplo, pero no nos sentimos 100 % seguros de que somos capaces, entonces buscamos algún tipo de satisfacción realizando algo distinto. 

El yo del futuro 

Uno de los conceptos que los psicólogos mencionan en su estudio es el del “yo del futuro”, quien debe lidiar con las consecuencias de nuestra procrastinación y por lo tanto de la culpabilidad que la acompaña. 

«una tarea del pasado fue innecesariamente atrasada y la carga de completar la tarea cambió a un yo del futuro que tendrá que pagar el precio de la inacción. Creemos que mañana será distinto. Creemos que mañana nosotros seremos distintos; pero al hacerlo priorizamos nuestro estado de ánimo actual sobre las consecuencias de nuestra inacción para nuestro yo del futuro». Procrastination and mood-regulation failure

Ellos plantean que los humanos visualizamos a nuestro yo del futuro como una persona desconocida, lo cual de cierta forma permite que no midamos las consecuencias, pues creemos que alguien más lidiará con las consecuencias, cuando en realidad seremos nosotros mismos. 

No terminar con una tarea y postergarla indefinidamente tiene un resultado en común: siempre nos sentimos peor por no completarla. Sin embargo, nuestro estado de ánimo no es el único afectado. Cuando la procrastinación se vuelve crónica ésta tiene: 

«efectos destructivos medibles en nuestra salud mental y física, incluidos estrés crónico, angustia general psicológica y baja satisfacción con nuestra vida, síntomas de depresión y ansiedad, hábitos deficientes de salud, enfermedades crónicas e incluso hipertensión y enfermedades cardiovasculares». The New York Times.  

¿Hay una solución? 

Las propuestas para remediar la procrastinación por lo general apuntan a cierto sentido de autodisciplina para evitar caer en la tentación de premiarnos a nosotros mismos con otra actividad. Por otro lado, también se plantea la posibilidad de fijar una mayor meta, que nos pueda brindar una mayor recompensa que la de procrastinar, pero queda claro que los únicos capaces de ponerle nombre a tal recompensa sólo somos nosotros mismos.