LA IMPORTANCIA DESDE LA SEMILLA

Por Cristóbal Cortes

El 17 de agosto del 2015 se dio el primer amparo para poder importar aceite de cannabis medicinal para la pequeña Grace que sufría un promedio de 400 ataques al día a causa del síndrome de Lennox-Gastaut. La pequeña ya había sido sometida a 19 tratamientos distintos y una operación del cerebro, sin obtener resultados positivos. No fue sino hasta iniciar el tratamiento alternativo con aceite de cannabis que pudieron observar una notable mejoría en la salud y calidad de vida de la niña: los ataques se redujeron hasta en un 90%. A partir de aquí se dejó abierta una pequeña brecha por la que al fin se pudo acceder a medicamentos que hasta ese momento estuvieron prohibidos en el país, por el único hecho de ser derivados de la mariguana.

La noticia fue alentadora para las miles de personas que padecen males cuyos tratamientos pueden complementarse por medio de aceites de cannabis. Esta situación abrió un boquete que nos permitió vislumbrar la existencia de otro problema con el que dieron de frente varios individuos en la búsqueda por mejorar su calidad de vida: la concentración y calidad del producto.

Existen personas que desarrollaron resistencia y las mejorías de las que fueron beneficiarios cesaron a los pocos meses, por lo que, lejos de perder las esperanzas, tuvieron que importar otro producto de cannabis con diferentes porcentajes en sus sustancias para iniciar así una nueva búsqueda de las concentraciones que fueran propicias para el caso del paciente en particular.

En este sentido, es importante resaltar que la investigación genética sobre el cannabis con fines tanto industriales como medicinales es de gran relevancia para el país, ya que nos puede llevar a generar plantas, ya sean híbridas o no, que tengan concentraciones relativamente específicas de CBD (Canabidiol) y de THC (Tetrahidrocanabidiol), compuestos principales más estudiados de momento, que nos permitan tener en casa una planta con la especificidad necesaria para desarrollar a partir de ella el medicamento que nuestro paciente necesite.

Una fundación española de nombre Mamá Cultiva se ha enfocado precisamente en esta problemática. Su objetivo es “agrupar a madres de niños con epilepsia refractaria, cáncer y otras patologías que no han encontrado una mejoría con la medicina tradicional” para impulsar el uso del cannabis medicinal y gozar de los beneficios de esta planta que está revolucionando la medicina, a casi cien años de haber sido prohibida. Mamá Cultiva tiene tres pilares fundamentales con los que promueven el desarrollo del cannabis medicinal: el autocultivo, los cultivos comunitarios y la producción de fitofármacos con base en la planta completa y a un costo bajo. Cabe destacar que al autocultivo lo consideran como un “Derecho fundamental inalienable”, que no puede venderse o cederse de manera legal, como se supone sería la situación del acceso al agua. Además, hacen énfasis en que el autocultivo ayudará a regular precisamente el mercado y evitará que las grandes empresas monopolicen los medicamentos y la salud de los pacientes.

En este sentido es importante que la iniciativa de Ley para la regulación y control de cannabis tome en cuenta desde el inicio la siembra con fines de investigación científica para poder llegar a cepas de más fácil control y uso, que no sean un riesgo para la población por altas concentraciones de sustancias psicoactivas (a menos que el caso clínico así lo requiera), y también un control en la producción y distribución de semillas con distintos fines: médicos, alimenticios, industriales y recreativos.

“Un control de calidad adecuado que permita incorporar los medicamentos herbolarios a los sistemas de salud, tendría que basarse en el conocimiento de la naturaleza química de los compuestos activos que están presentes en la materia prima vegetal, además de conocer la concentración de los mismos y la eficacia que mantienen durante su almacenamiento”, y para llegar a este punto de conocimiento, también hay que cuidar precisamente los procesos de producción desde la siembra, los nutrientes de la tierra, la humedad del entorno, los tiempos de cosecha, los métodos de secado y de extracción de las sustancias, envasados, entre muchos otros.

De la otra cara de la moneda, una preocupación que aqueja a las autoridades de Ámsterdam es precisamente la hibridación de diferentes cepas que están dando como resultado plantas con una concentración muy alta de THC. Recordemos que allá el Estado no tiene control sobre la producción y distribución de las semillas, y sigue persiguiendo a aquellos que producen o venden en grandes cantidades, lejos de los traficantes “permisibles” a las autoridades que son los que distribuyen a las coffee shops. Es por eso que, antes de dar el paso decisivo en la regulación, hay muchas situaciones que deben analizarse para que, al momento de que ésta se efectúe, la existencia de huecos legales o puntos ciegos en la Ley general para la regulación y control de cannabis no impidan a aquellos que lo necesiten tener una planta para producir sus propios medicamentos, y no permitan, por otro lado, la proliferación de un mercado negro que pueda ofrecer productos que lejos de hacer bien a los pacientes, comiencen a entorpecer el lento y tortuoso camino de la legalización del cannabis con fines medicinales en México.